jueves, 3 de febrero de 2011
Pan para todos, hambre para muchos
Desde varios años (o, quizá alguna que otra década) se ha introducido la idea balsámica de "no te preocupes, todo el mundo aprueba". "Las pruebas de acceso no tiene gran qué". Y así, uno tras otro, progresivamente siguen el mismo rol hasta alcanzar la meta: IR a la UNIVERSIDAD. Todo un mérito pertenecer a esta clase llena de distinción, de nivel, de calidad de experiencia y de vida… siempre que se mame de la subvención compensatoria o tenga padres millonetis que paguen un pastón por no alcanzar la nota de corte de la carrera (elegida o no) por sus hijos. (Piensen en otros casos que haberlos haylos).
Nunca ha habido tanta gente estudiando en la Universidad como ahora, dijo el Ministro de Educación Angel Gabilondo encumbrando la valía y el esfuerzo de los jóvenes que han logrado formar parte de tan ilustre institución.
Muchos éramos conscientes y lo seguimos siendo, que esas palabras (pronunciadas también por otros) eran un dardo dialéctico de ensombrecer (por muy poco que sea) las estadísticas que reflejan cómo va el sistema educativo en España; abandono escolar, falta de exigencia, valores, esfuerzo, disciplina, fallo en el método de enseñanza y aprendizaje, etc. Lo que conlleva a asignar la expresión fracaso educacional. Un lacra que los políticos, por intereses partidistas caen en la irresponsabilidad más absoluta de no llegar a un acuerdo que reforme el meollo de la cuestión.
¿Podríamos hablar también de fracaso en el sistema universitario?
No nos engañemos, la Universidad hoy en día se está convirtiendo en la panacea contemporánea. La burbuja donde resguardarse del frío, de la fría incertidumbre que persiste en nuestro entorno. Ante ello uno se resigna con cierta preocupación y recelo en continuar en ella puesto que lo que hay afuera, lo que se está cociendo, es un campo yermo de gente inmóvil. Cada uno se encuentra sentado en una parada distinta e invisible a expensas de que alguien les avise, pero el aviso se demora y, en la mayoría de veces, ni llega. No hay permiso para tener porvenir. Así que, ahí siguen, parados observando la miseria, y cagándose en quién secuestró su futuro.
Me pregunto si realmente nos educan de cara a la exigencia y los problemas que ofrece la sociedad en los tiempos que están corriendo para ser los mejores en un mercado laboral cada vez más negro y competitivo o, tal vez, nos explotan memorizando unos contenidos que después no son aplicables porque, a decir verdad, no se comprenden y una vez llegado el examen se sueltan y se olvidan.
Continuará...
Publicado por
Cristian
en
2/03/2011
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Etiquetas:
Angel Gabilondo
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¡¡ Enhora buena por este magnífico y genial blog!! estoy segura que será una fuente llena de sabiduria para todos aquellos que lo visiten, así como para los que te seguimos.
ResponderEliminarUn abrazo querido amigo
la universidad persigue verdades ke alguien está dispuesto a pagar, de modo ke, la verdad de mañana es akello por lo ke hoy se paga. no te parece?
ResponderEliminara seguirte, uno de mis escritores favoritos y lo mejor, cercanos...
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